Brevedad silente

Esta tarde, tras deponer la faena en el jardín y dar el día por acabado, con una fatiga que me llega hasta debajo de las uñas, y con un daño afilado en la columna —¡siempre la desgraciada columna!—, pensé en escribirte una carta. Hace tanto tiempo que no escribo ni una postal, que ya he olvidado la ubicación de la oficina de correos. Me pregunto si seguirá en funciones. Las misivas ya no se estilan y la labor epistolar, creo yo, se restringe únicamente a cierta clase de diarios personales....

mayo 11, 2022 · 4 min

Coexistencia

23 de febrero (mediodía) Mamá me ha levantado temprano hoy. Escuché su voz a la distancia, acompañada del trajín usual en la cocina. Pero la hora no fue usual. Demasiado temprano para un fin de semana. Bajé y la encontré haciendo el desayuno. Estaba muy seria; pregunté qué pasaba. Voy al hospital a visitar a mi tío. ¿Tengo que ir? Sí. No quise contradecirla y al poco rato ya íbamos en camino....

marzo 24, 2022 · 11 min

Tierra de nadie

llegó la somnolencia; dispuse dormir, me acosté; súbita desazón; imágenes aleatorias; recuerdo de asfixia y cabello suelto; persistencia retiniana de tu rostro velado; esta noche no dormimos; digo nos, pero hablo por mí, tú duermes lejos, muy lejos, en tierra de nadie

enero 24, 2022 · 1 min

El murmullo que va y viene, inexorable

Un suave rumor reñía con mi ventana. Monótono, mas no desagradable, musitaba historias antiguas, sobre los tiempos en los que la tierra aún no veía despertar a la humanidad. Una y otra vez el murmullo arremetía contra el cristal, una y otra vez era rechazado, sus historias desoídas, su aliento malgastado. Me levanté, atravesé las tinieblas hacia mi ventana y abrí. El vetusto rumor se precipitó como la caudalosa corriente de una presa que se rompe, me envolvió, me relató cuentos extraños y hermosos....

enero 16, 2019 · 4 min

Días de canícula

Hoy es uno de esos días. Un reptil venenoso repta desde las profundidades de mi estómago, abrasando mis entrañas con su aliento de fuego. Lentamente, demorando el paso en mis pulmones y mi corazón, el saurio se abre paso hacia mi boca, mi lengua, mis ojos. Mi cerebro se achicharra y cualquier intento de alejar a la bestia es salir del sartén para caer en las brasas. Curiosa contradicción: mientras mis interiores se calcinan, mis extremidades se congelan....

octubre 13, 2018 · 3 min