Desde que inicié este blog he hecho caso omiso del asunto de clasificar su contenido. En la época pre Hugo solía pelearme con las categorías en wordpress punto com y no llegué nunca a agarrarles la onda, más por mi propia ignorancia respecto al significado de «categoría» que a la manera en que están implementadas en wordpress. Cuando migré El quiróptero amanuense a Hugo dejé las categorías detrás y preferí agregar etiquetas a las publicaciones, lo cual hice de cualquier manera —es decir, deficientemente— y como consecuencia las etiquetas comenzaron a crecer sin ningún concierto.

Seguí obviando la situación hasta que ya no. Esta semana decidí ponerle fin.

¿Por qué clasificamos?

Hay un gusto humano en clasificar. Una de las posibles razones para esto es nuestra limitada capacidad intelectual: la existencia es tan compleja que necesitamos desarmarla para ser capaces de medio entenderla. Más no basta con desarmarla: hay que tomar nota de qué pieza encaja con cuál y los lugares en donde van los tornillos. Este acto de desarmar —propiamente, de abstraer— es esencial para la construcción del conocimiento.

Clasificamos todo porque todo queremos entender. Las plantas y animales; los colores, los calendarios y las religiones; a nuestros amigos, familia y compañeros de trabajo; las relaciones, los políticos, los comestibles de la alacena. Ni las estrellas escapan a nuestra fiebre clasificadora. Somos animales taxonomistas.

Clasificar o no

Es cierto que pude decidir no clasificar. De alguna manera, incluso en los años anteriores que me peleaba con categorías y etiquetas medio sacadas de quién sabe dónde, esa era precisamente mi decisión: no clasificar. Pude mantener esa decisión, obviar el asunto y tener un blog simple, pero la sensación de no tener mucha claridad sobre qué estaba haciendo con mi blog eventualmente me superó.

Definiendo el sistema

Una vez decidido a realizar un cambio no podía solamente hacerlo y ya. Necesitaba un sistema. Algo que impidiera razonablemente bien que todo saltara por los aires y que terminara teniendo el mismo desastre de antes. Tras una introspección decidí implementar dos clases taxonómicas: /categorías y /etiquetas.

Categorías

Empecé con las categorías, que en mi mente son una clase taxonómica de orden superior. ¿Qué es una categoría? Como definiciones hay muchas necesitaba una que funcionara para mí. Tomé papel y lápiz y garabateé un razonamiento:

Las categorías son como «cajitas». Grandes clasificaciones, amplias y excluyentes entre sí. Por ejemplo: perros y gatos. En el caso de mi blog las publicaciones que realizo van un poco de todo. Pensamientos varios, ideas más o menos acabadas, anécdotas, actualizaciones personales. Es un poco de todo. ¿Cómo clasificar? ¿Es deseable? ¿Es siquiera posible? Para iniciar la deliberación se me ocurre formar un campo semántico, lo más amplio y extenso posible e ir descartando hasta quedar con algo manejable.

Anoté, pues, todas las formas que podrían formar parte de las «categorías» y que me vinieron a la mente. Llegué al Campo semántico de las formas escriturales:

ensayo, cuento, anécdota, memoria, chiste, bomba, diario, anotación, chisme, confesión, apunte, opinión, diatriba, panfleto, máxima, sueño, idea, cavilación, crónica, obituario, cita, extracto, ficha, carta, resumen, fábula, reseña, artículo, reflexión

Ya con el campo semántico traté de hallar una relación entre los conceptos. Los agrupé, siguiendo mi intuición mental de qué tan cerca estaban unos con otros, en tres grupos:

  • Grupo 1: ensayo, opinión, diatriba, panfleto, idea, cavilación, reseña, artículo, reflexión.
  • Grupo 2: cuento, chiste, bomba, sueño, fábula, obituario, carta.
  • Grupo 3: anécdota, memoria, diario, confesión, crónica, cita, extracto, ficha, resumen, anotación, chisme, apunte.

Mientras realizaba el ejercicio me fui dando cuenta de algo: no estaba yo haciendo un campo semántico de las formas escriturales, sino uno de intenciones escriturales. La forma, pensé, se refiere a cómo está contado algo; la intención se refiere a qué es ese algo. Caí en ese descubrimiento cuando, al tratar de definir en una línea de qué trataba cada grupo, quedé con lo siguiente:

  • Grupo 1: Relativos a las ideas, al pensamiento, al fuero interno.
  • Grupo 2: Son actos de creación, recurren a la imaginación e inventiva.
  • Grupo 3: Recurren a la memoria y a la observación sensible.

Entonces tenía tres grandes intenciones para mi escritura en este blog —y posiblemente en términos generales, pero aún no llego a esa reflexión—. Para cada grupo busqué uno o más representantes. Quedó de la siguiente manera:

  • Grupo 1 - Pensamiento: ensayo, reseña y cavilación.
  • Grupo 2 - Creación: relato, ocurrencia, figuración.
  • Grupo 3 - Memoria: anécdota.

Llegado a este punto sentí que el asunto iba tomando una forma coherente. Me pareció importante definir unas pocas reglas de operación:

  1. Cada publicación debe pertenecer a una y solo una categoría.
  2. Cada publicación debe contar con un mínimo de una etiqueta y un máximo de cinco.
  3. La cardinalidad mínima aceptada para cada clase taxonómica es de tres elementos.
  4. El sistema debe tener una revisión cada cierto tiempo para garantizar el cumplimiento de la regla anterior. En otras palabras, las categorías y etiquetas que tengan menos de tres publicaciones asociadas se deben eliminar.

Definí las reglas de operación y volví a los grupos de categorías. Para darles una pulida final tomé a cada una de las intenciones representantes y les di una definición informal que me sirviera como guía de implementación para el futuro:

  • Grupo del pensamiento
    • Ensayo: la defensa de una postura o una idea que intenta seducir o convencer. Se relaciona con: diatriba, panfleto, artículo.
    • Reseña: opinión sobre algo que se consume.
    • Cavilación: un pensamiento sobre el que he profundizado, sin importar si llegué o no a una conclusión. Se relaciona con: idea, reflexión, introspección.
  • Grupo de la creación e inventiva
    • Relato: una historia de ficción. Se relaciona con: cuento, fábula, microficción.
    • Figuración: una imagen fantasiosa. Se relaciona con: sueño, escena, descripción.
    • Ocurrencia: pequeña chispa de inventiva. Se relaciona con: chiste, bomba.
  • Grupo de la memoria
    • Anécdota: relato sobre algo que ha ocurrido. Se relaciona con: memoria, diario, confesión, crónica, cita, extracto, ficha, resumen, anotación, chisme, apunte, relato de viaje, actualización.

Etiquetas

Las etiquetas representaron un problema distinto. En mi cabeza, una etiqueta es un tema, y temas hay infinitos. Por poner un caso, mi intención con un ensayo puede ser convencer a alguien de algo, pero ese algo puede ser cualquier cosa. Tomé nuevamente papel y lápiz:

Etiquetas hay infinitas. Lo primordial para hacer uso de ellas, incluso antes de plantearlas, pues, es poner un pronto límite a su expansión y controlar a priori sus números. Por eso elegiré algunas que me sean cercanas a partir de una lluvia de etiquetas.

No transcribiré todas las etiquetas de la primera versión porque nunca acabaría. El listado lo fui puliendo en doble vía: pensaba un tema y trataba de encontrar suficientes publicaciones pasadas que pudieran ser etiquetadas con ese tema, y en la revisión de esas publicaciones nuevos temas fueron apareciendo de manera natural.

El resultado final fue el siguiente:

aleteo, angustia existencial, blog, caminar, depresión, escritura, experiencia superlativa, fotografía, hastío social, libros y lectura, meta, miedo, muerte, murciélagos, música, noche, nostalgia, otredad, personal, series y películas, soledad, sueño, tecnología, Terry Pratchett, vagabundeo

Implementando el sistema y pensamientos finales

La implementación fue simple y trabajosa. Repasé todas y cada una de las publicaciones y asigné en el frontmatter las categorías y etiquetas que a mi parecer tenían más sentido. Hice también algunas modificaciones en el tema de mi blog para que las categorías se mostraran de la manera en que quería. En el futuro no creo que agregue muchas más categorías y mucho menos que elimine alguna. Las etiquetas son mucho más volátiles, ahí probablemente sí que habrá más movimientos.

Este trabajo cierra un pendiente que venía molestándome quedamente, como esa pequeña gotera en el lavabo de la cual uno se desentiende porque ya mañana lo arreglo. Con esto ya me siento tranquilo al clasificar el contenido de mi blog.

Y no, no tengo goteras en el lavabo.