Hoy, de madrugada, estaba conversando con alguien vía telefónica, en realidad más dormido que despierto, cuando dirigí mi mirada, nublada por el cansancio y la miopía, a través de mi ventana abierta hacia la cornisa que es visible desde mi habitación. Ahí se encontraba una pequeña cabeza blanca que me observaba asomada desde la azotea. Nos miramos fijamente durante algún rato, mientras continuaba conversando, hasta que la cabecita blanca decidió marcharse.

Creo que era un gato.